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El New York Times analiza los porqués del fenómeno Blumme


Kristian Blummenfelt fue un conejillo de indias dispusto a todo

El fenómeno Blummenfelt no ha pasado desapercibido para uno de los mayores periódicos del Mundo, el New York Times, que ha lanzado un artículo buscando los porqués de las proezas del noruego en 2021, campeón Olímpico, campeón del Mundo y recordman IRONMAN en su debut.

Le sorprende al reportero que haya tenido más transcendencia la marca en IRONMAN Cozumel, que la medalla de oro olímpica, algo que realmente puede ser porque era su debut en una distancia desconocida.

De entrada el periódico descarta el doping como fondo del asunto. A partir de ahí analiza a su modo de ver porqué no solo Blummenfelt sino todos los noruegos están dominando el triatlon Mundial. La consecuencia directa es la ciencia y tecnología al servicio de un atleta 24 h al día.

Citan a Dan Lorang, el entrenador de Jan Frodeno y sobre todo de Anne Haug, a la que conviene recordar que su marca en Challenge Roth, pese a no ser apenas medática, se puede comparar de tu a tu con la de Blumme en Cozumel.

“Están cambiando la mente de mucha gente, incluso si nadie sabe exactamente cómo lo están haciendo, ahora todos ven que la ciencia parece tener un gran impacto en el rendimiento».

Una de las primeras claves de todo está en la pasado de niño de Blummenfelt, nadador de club y futbolista, destacaba en los crosses escolares, y tras ser descubierto por su entrenador de natación que le convenció para que en 2009 probase en un triatlon sprint que ganó. Tenía 15 años, y a los 2 meses entró en el grupo de entrenamiento noruego de triatlon, un grupo creado por el padre de uno de los triatletas noruegos del momento .

Según el propio Blummenfelt en una entrevista que nos dio  “El estándar de calidad para unirse al equipo no era muy alto, solo había que tener ganas de entrenar fuerte” .

Más tarde había que buscar más miembros para el Team y  el entrenador, con una experiencia mínima en triatlón pero un buen ojo para los talentos incorporó a Gustav Iden en 2010, con aun 13 años y en 2011 a Casper Stornes con 14 años.

Cuando Blummenfelt tenía 16 años, 2010, Arild Tveiten, un experimentado triatleta de Ironman, asumió el cargo de entrenador y aportó un nuevo nivel de profesionalismo al equipo.

Otra de las claves según el Times vino en 2014 cuando se unió al grupo Olav Aleksander Bu, un ingeniero y emprendedor que cambió la trayectoria de la selección de Noruega.

Bu siguió a Blummenfelt y a la delegación noruega en los Juegos Olímpicos de Río en 2016 y se convenció de que, el deporte no había logrado muchos avances tecnológicos significativos en años. Veía avances tecnológicos en el material, y muchos datos de ritmos cardíacos y valores de lácticos y de VO2 monitorizados, pero Bu no creía que se estuvieran recopilando o comprendiendo adecuadamente.

Adoptó un nuevo enfoque de investigación, y utilzó a los deportistas como coballas de sus experimentos en cuanto a datos recopilados, así comenta la jugada el periódico:

Enchufó a Blummenfelt y a los otros con más de 20 sensores, más de los que Lorang usaba. Les pinchó las orejas y analizó su sangre en los medidores de lactato varias veces durante cada sesión de entrenamiento. Incluso le enseñó a Blummenfelt a tomarse sus propias muestras de sangre. Una máscara permitió a Bu recolectar isótopos de carbono para determinar la fuente de carbohidratos que Blummenfelt quemó durante el entrenamiento.

En sus primeros días juntos, Olav descubrió que Blummenfelt quemaba demasiado glucógeno, pero vio que mentalmente era muy fuerte y aguantaba lo que fuera por estar en cabeza.

Esto hizo entonce Bu con Blummenfelt:

Estaba demasiado sediento de glucógeno, lo consumía demasiado pronto. Medir el lactato con mayor frecuencia le permitió a Blummenfelt monitorizar y controlar su intensidad en cada carrera y carrera, lo que le permitió entrenar más tiempo y a un ritmo constante. Bu siguió sondeando los márgenes, en busca de alguna ventaja.

Le pidió a Blummenfelt que bebiera una botella de agua de 2 litros insuflada con isótopos de oxígeno que se pueden recolectar en muestras de orina y analizar para medir su eficiencia general de oxígeno. También se sabe que recolecta y quema muestras fecales para comprender mejor la capacidad de Blummenfelt para metabolizar los carbohidratos.

No solo de las heces y orina recolectaba datos Olav Bu, sino de todos los lados, las ganancias recientes más significativas provienen de los sensores de calor patentados. Desde el principio, Bu creó relaciones con pequeñas empresas biotecnológicas que utilizan el equipo de Noruega como coballas de sus pruebas. Una de esas empresas fabrica un sensor que mide la temperatura corporal central, lo que permitió a Bu y sus atletas determinar en tiempo real qué parte de su energía se destina al rendimiento y cuánto se quema como exceso de calor.

El entrenador Arild Tveiten cree que comprender los datos recopilados en esos sensores de calor fue crucial para la victoria olímpica de Blummenfelt. Sabía que debía contenerse en el ciclismo  para mantener su temperatura central lo más baja en un día de calor.

En definitiva, un trabajo científico detrás de todo que resumió perfectamente Kristian al periódico “Como atleta, puede ser complicado encontrar mejoras, pero cuando vas al laboratorio, se vuelve más fácil encontrar tus debilidades, y buscar las áreas en las que creemos que podemos dedicar más tiempo y esfuerzo, y mejorar.”

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